Por Diego Durruty
Sí, ya pasaron 15 años de aquel trágico Gran Premio de San Marino de 1994. Pero su recuerdo sigue vivo. Porque Ayrton Senna consiguió lo que pocos logran, convertirse en una leyenda. Lo consiguió por su manera de llevar al límite un auto, pero también por su profesionalismo y por su carisma.
Ese particular andar que le permitió brillar en la Fórmula 1 y esa agresividad que fue clave para conseguir tres campeonatos, se combinaba a la perfección con su personalidad. No se equivocaba mucho, pero cuando lo hacía lo admitía. Y eso era lo que le gustaba a la gente: demostraba que él también era un ser humano.
Pensaba en cómo ganar carreras, pero eso no era lo único para él. También pensaba en hacer el bien. Se preocupaba por su prójimo. Por eso ese espíritu hoy se mantiene vivo con el Instituto Ayrton Senna que regentea su hermana Viviane y que hace innumerable cantidad de obras para los niños de Brasil.
"Si una persona no tiene sueños no tiene razón de vivir, soñar es necesario aún cuando el sueño va más allá de la realidad, para mi soñar es uno de los principios de la vida", solía decir. Soñó ser el mejor y lo consiguió. Pero también se convirtió en leyenda por eso su recuerdo seguirá vivo por siempre. Así pasen 15 años o cien, Ayrton Senna siempre estará presente.
Su trayectoria
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