Por Diego Durruty
Foto: Berna Bosco
(Enviados especiales a Santiago del Estero)
Su ausencia del TC2000 se hizo sentir. Más luego de aquel protagonismos conseguido en la década de 1990 con Cocho López. En esa época o hinchabas por Fiat o alentabas a Renault y a Juan María Traverso. Luego el éxito le fue esquivo pese al esfuerzo particular de gente como Zalemita Menem (¿se acuerdan del Menem Junior?), Osvaldo Antelo o Junjo Monteagudo. Pero ese paréntesis se terminó este año de la mano del Pro Racing, equipo que desde esta temporada representa oficialmente a la marca. Y para alegría de sus numerosos fanáticos, el triunfo sólo tardó en llegar cinco fechas. Porque gracias a la dupla Omar Martínez y Mariano Altuna se quedó con la victoria en la exigente carrera de Santiago del Estero.
Sin dudas el éxito fue sorpresivo. Es que José María López y Anthony Reid venían arrasando. El cordobés, que largó la carrera, venía haciendo una competencia veloz que le permitió mantener a raya a Leonel Pernía-Agustín Canapino. Pero el ingreso del auto de seguridad cuando promediaba la prueba fue fundamental para que los Honda se quedaran sin nada y para que Fiat se fuera de Termas de Río Hondo con una sonrisa.
La carrera se neutralizó por el despiste de Ezequiel Bosio. Cuando apareció el AS, López no atinó a entrar a boxes. Por eso se tuvo que comer toda una vuelta detrás del pace-car perdiendo la gran ventaja que tenía. Sí lo aprovechó Pernía. Para sorpresa de su propio equipo, ingresó para hacer el cambio de pilotos. Fue tan inesperada su decisión que Canapino no estaba listo para entrar en acción y demoraron más de lo debido. De todas formas, parecía que el tandilense iba a lograr el triunfo. Pero poco tiempo después esa esperanza se desvaneció. Es que la escuadra decidió hacer la segunda detención obligatoria en el mismo instante en que se relanzaba la carrera…
El que más ventaja sacó de esas vueltas de neutralización fue Fiat. Martínez, que estaba octavo, le cedió el Linea a Altuna, quien en el giro siguiente volvió a entrar para dejar el tanque de combustible al tope. El Monito salió justo detrás de la dupla Matías Rossi-Thiago Camilo, que a esa altura de la prueba también había cumplido con el trámite obligatorio.
Mientras Rafael Morgenstern se daba el gusto de liderar la carrera con el auto de Franco Coscia (algo que se terminó cuando debió cumplir con su segunda parada), Camilo y Altuna protagonizaban una encarnizada lucha que terminó a favor del argentino en la vuelta 53 cuando lo consiguió pasar. A partir de ahí, al Monito sólo se dedicó a manejar para cumplir con las 70 vueltas pactadas.
Pero no todo estaba definido. Desde atrás se venía como una tromba Juan Manuel Silva, que en la vuelta 27 le había cambiado el puesto a Cacá Bueno. La estrategia de ambos venía saliendo a las mil maravillas. Luego de largar desde el fondo por la rotura de la caja de velocidad en la clasificación, el brasileño entró a boxes antes de cumplir la primera vuelta para cargar un poco de combustible. A partir de ahí Cacá fue avanzando, pero sin castigar el auto. Eso le permitió al chaqueño ganar posiciones en la parte final.
Primero superó al binomio Damián Fineschi-Germán Suárez, que llegó cuarto y fue el mejor particular. Y después fue por Rossi-Camilo. El segundo lugar fue, sin dudas, un gran premio al esfuerzo. Como lo fue el primer puesto del campeonato, que le arrebató a Pechito López por 15 puntos. Sin embargo, Silva se quejó del accionar del auto de seguridad. Afirmó que cuando se relargó, él y otros pilotos no lograron ponerse en el fondo del pelotón luego de haber tardado mucho en superar al AS. Hubo un reclamo, pero quedó en la nada.
El último triunfo de Fiat fue el 25 de noviembre de 1990 en Balcarce. Ese día Cocho López puso a la marca en lo más alto. Diecinueve años después volvió el festejo porque como dice el refrán “no ya mal que dure cien años”.
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