Por Lucas Rodrigues Crespo
(Enviado especial a Interlagos, Brasil)
Encorbado, con el pelo prolijamente revuelvo y una sonrisa que no lo abandona en ningún momento, va y viene por las calles de Interlagos como cualquier otro. A Jacques Villeneuve se lo ve feliz en su segunda participación en Top Race, esta vez en San Pablo.
Su coche se le rompe apenas arranca el sábado, el malhumor es lógico, pero tampoco le dura demasiado. Deja todo en manos de los mecánicos, apuesta a que le cambien el motor en tiempo récord y volver a salir a la pista para el final de la jornada.
Con alrededor de cuatro horas sin nada que hacer, duda entre irse a descansar al hotel y volver luego. Lo piensa un instante y elige quedarse. Carne, muchos chocolates (“por el azúcar”, dice) y Gatorade es lo que más consume en ese tiempo, lo que más consume siempre.
Le piden fotos, se las saca. Hay entrevistas individuales, mano a mano. También una conferencia de prensa con casi 100 personas. Lo traducen al castellano y al portugués. Contesta con una sonrisa e inteligencia, dice lo que tiene que decir. Y vuelve a sonreír. Como durante toda su estadía en TR. Sólo le falta poder hacerlo en la pista.
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