Columnas de opinión

30 años para atrás

Editorial publicada en la edición Nº 2059 de CORSA del 15 al 21 de noviembre de 2010.

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Por Gastón Mastrolía
Hace 40 minutos, por reloj, que estoy sentado frente a la computadora. Me cansé de ver la pantalla en blanco. Me obligo a tener la capacidad de encontrar las palabras exactas para explicar este momento. Quizá uno de los más tristes en la historia de CORSA. Tener que contarles a los lectores que la revista no pudo entrar a cubrir una carrera de Turismo Carretera es retroceder varios casilleros, cientos de páginas y 30 años. De entrada creíamos que había un error en ese llamado de Ariel Bandi, el jefe de prensa de la ACTC, al periodista Alejo Iriart. El mensaje era que había caído mal una columna suya y que Fernando Miori, el gerente general, pedía que “se quedara piola en la redacción” en las dos carreras que restaban de la temporada.

El deseo inicial era que se tratara de una equivocación o de un malísimo chiste de Bandi. Eso pensamos cuando nos llegó la carta documento de un tal “doctor Latorraga” rechazando en forma terminante nuestra denuncia sobre los dichos de Bandi. Pero no era un chiste y Latorraga mentía. Iriart fue al autódromo de La Plata y, pese a estar acreditado anualmente, no pudo ingresar. Y CORSA se quedó sin la posibilidad de realizar el trabajo de la manera habitual. La carrera, está claro, se corrió con normalidad. No podíamos pretender que se suspendiera porque no estábamos. Ni siquiera que alguien levantara la mano muy alto en señal de protesta.

Si tampoco la hubo para Fernando Hidalgo, dueño del HAZ, quien fue suspendido para estas dos últimas fechas por criticar el reglamento. Él tampoco pudo ingresar al autódromo para ver cómo su piloto, Norberto Fontana, terminaba en el segundo lugar y subía al podio. Otros propietarios de escuadras seguramente están en contra de la sanción a su colega pero saben que, para ellos, el silencio es salud. Y el tema va más allá de que Hidalgo o cualquier otro tengan razón o no. Ellos tienen (o deberían tener) la libertad de opinar. Como la tuvo Alejo Iriart en su columna. Esa columna que a algunos les gustó y a otros les pareció “de mal gusto”. Incluso en la página de Internet de CORSA hubo algunos comentarios a favor y varios en contra. Y todos se publicaron. Aventin, Miori o quien fuera también tenían el derecho de decir que la columna no les gustó, que Iriart les parece un mal periodista y que les gusta más otras revistas que ésta. Y hasta lo hubiéramos publicado para ser coherentes con eso que nosotros reclamamos (se llama libertad de expresión y derecho a réplica). En cambio, prefirieron usar el viejo sistema del “apriete” aprendido en una etapa que creíamos superada en la Argentina.

Aventin dice que “el TC es del pueblo”. Eso también es mentira. Cuando alguien piensa distinto, no lo dejan opinar o lo castigan. Periodistas, pilotos, preparadores e hinchas comunes lo sufrieron en los últimos años. Entonces más bien parece que el TC es de él y de los que piensan como él. Por suerte el tiempo pasa inexorablemente. Para todos. También para los dirigentes.

La página ya no está en blanco pero tengo la misma sensación de vacío que cuando empecé a llenarla. Como si estuviera explicando algo inexplicable. Esta editorial tendría que haber sido sobre ese alemán que amaga con ser el nuevo Schumacher o sobre un título de Turismo Carretera que se definirá en la última vuelta de la última carrera. Sin embargo, tuve que hablar de que a CORSA no la dejaron entrar a un autódromo. Es la primera vez que quiero que me digan que lo que escribí es una mentira.
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