Columnas de opinión

Un automovilismo aburrido

|
Por Nicolás Urtubey

En las carreras de Súper TC2000 en General Roca y de Turismo Carretera en Río Cuarto volvimos a ver una problemática que afecta a la mayoría de las categorías nacionales: la falta de sobrepasos en los primeros puestos. Este problema se intensifica casi al mismo ritmo con el que se intensifica la profesionalización del automovilismo. ¿Es casualidad o causalidad? Veamos.

Es innegable que el avance tecnológico dentro del automovilismo nacional es algo positivo. Asimismo, en esta época el avance es más significativo porque llega a todos los equipos por igual, en lo que se llama efecto “derrame”. Algo que, a su vez, genera mayor paridad entre los competidores. Sin embargo, esto deja ciertas secuelas no deseadas y que preocupan. Se presenta una dicotomía complicada: paridad vs. espectáculo.

La paridad genera que todos tengan posibilidad de ganar y, por lo tanto, haya mayor incertidumbre antes de la carrera. Genera expectativa. Pero una vez que comenzada la final, la paridad provoca que, salvo un error grosero de los pilotos o problemas mecánicos, el sobrepaso sea una utopía. Ni siquiera las largas rectas son una garantía de espectáculo. El problema se agrava con la profesionalización de los pilotos, que disminuye sus equivocaciones durante la carrera.

Esa profesionalización se refleja también en la puesta a punto de los autos. En los detalles aerodinámicos y en los técnicos. Cada vez es más fino lo que hay que “tocar” en el auto. La preponderancia de la aerodinámica (un problema bien actual) hace que las rectas largas dejen de ser lugares de sobrepaso. Por ejemplo, ya no se ven más cambios de posiciones en el curvón Salotto, algo que era normal cinco años atrás. Hoy los autos que transitan por ahí se separan porque el que viene detrás pierde carga, y por lo tanto, va más lento. Eso hace que en la recta no lleguen a pasarse.

La profesionalización también se nota a la hora de construir los autos: cada vez se parecen más entre sí. El Top Race fue pionero en esto de darle prioridad a los pilotos por sobre el vehículo, y hoy la regla es estandarizar lo mayor posible. Por una cuestión de costos y para que se destaque el piloto. Hoy en el TC, por ejemplo, es difícil distinguir a un Ford de un Torino.

Los autódromos tampoco ayudan. Los que son viejos quedaron obsoletos ante el nuevo automovilismo y los que pudieron mejorar sólo realizaron actualizaciones de seguridad o de distancia para que puedan ir las grandes categorías (Río Cuarto, Posadas, Rosario, General Roca, Salta y Mendoza son algunos ejemplos). Pero el problema no es de ellos. Ni siquiera en el Oscar y Juan Gálvez, emblema de circuito rápido, se pasan demasiado. De los nuevos, sólo el trazado de Termas de Río Hondo presenta un dibujo que da lugar al espectáculo. Y no por su recta, sino por la curva 3, en la que según por dónde se encare puede hacerse la “tijera” y ganar alguna posición.

No es casualidad que la categoría de mayor espectáculo sea la Clase 2 del TN. Allí aún no ha llegado el profesionalismo extremo, la aerodinámica no tiene preponderancia y los autos son bastante diferentes entre sí.

La profesionalización no tiene retorno. El espectáculo, sí. Es hora de implementar algo distinto, y que sea aplicable a todo el automovilismo. La F.1, siempre pionera, Inventó el DRS y el KERS. Más al alcance de un turismo está el “Push tu Pass” (un sistema que le da más potencia al motor por unos segundos) que tanto el Top Race como el Súper TC 2000 analizan incorporar. Es hora de avanzar.
IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar