Columnas de opinión

Un automovilismo caro

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Por Nicolás Urtubey

En el automovilismo actual se presenta, a nivel mundial, un problema recurrente: conseguir el presupuesto necesario para correr. No hay que olvidarse de que, como en el resto de los deportes profesionales, el negocio de todas las partes involucradas juega un papel fundamental.

La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿tienen lógica los costos que maneja el automovilismo argentino? Para responder esto tenemos que analizar el problema desde dos puntos de vista distintos.

A nivel internacional, el problema de los precios también se presenta. Hace años que se habla de limitar gastos en la Fórmula 1. Sus altísimos costos generaron que pocas empresas puedan participar del mercado. De hecho, la tendencia es que se sumen terminales que buscan prestigio (como Toyota en su momento, Honda después, Mercedes hoy). El DTM también va hacia ese camino, con la incorporación de BMW como equipo integral.
Red Bull es quizá la única empresa que ha cimentado su inversión publicitaria en el automovilismo (y en los demás deportes de riesgo).

En Estados Unidos, el NASCAR es un negocio genial para todas las partes involucradas, pero se sostiene gracias a su masividad, al nivel de consumo que presenta esa sociedad y a unos costos no tan elevados (comparativamente). Por ende, la tendencia mundial es a bajar los costos mediante la unificación de criterios y a incorporar terminales que buscan reputación.

A nivel local, se presentan dos modelos bien definidos. Por un lado está el de las terminales, utilizado hace años por el TC 2000 y que hoy también incorpora el TN, que se sostendrá mientras el mercado del automóvil continúe creciendo. Pero que está en el límite de saturación, debido a los altísimos costos. Ford es el mejor ejemplo: se fue del TC 2000 al TN por la diferencia de precios. El riesgo del modelo es muy alto, ya que los costos en general son inflexibles a la baja.

Por el otro lado está el modelo del TC, que es el de funcionar en base a la publicidad. Pero aquí también se está al límite. Hoy publicitar un auto completo de TC de punta vale, al menos, cuatro millones de pesos anuales. Por esa cifra, el año pasado se cerró el patrocinio de la camiseta de Independiente, uno de los clubes grandes de la Argentina, que tiene exposición todos los fines de semana (con el doble de rating), que lleva más gente a la cancha que el TC a sus carreras y que también se ve en todos los diarios del país todas las semanas.

La comparación precio-exposición es ridícula (40 a 1 a favor de Independiente). Más ridícula aún da si la comparamos con otro club, como Tigre (de no haber andado bien hubiese descendido, con lo que la exposición estaba asegurada) cuyo contrato anual equivale solamente a dos carreras de TC. El “extra” de reputación que otorga auspiciar un TC explica muy poco de esa brecha.

Estas comparaciones nos dan la pauta de que el automovilismo argentino es excesivamente caro. Mientras las empresas acompañen, no habrá problema. Pero los pocos autos que hoy presentan la mayoría de las categorías nacionales (incluido el TC) nos da la pauta de que las empresas están empezando a hacer las cuentas. Y el problema es que no cierran. Si no hacemos algo, pronto el problema será demasiado grande.
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