Mundo CORSA

11/12/2017

Herederos de Fangio

Rubén Vázquez y Oscar Espinosa son dos de los tres hijos reconocidos del Quíntuple. Su vínculo se confirmó después de dos décadas.

Noviembre marcó los elogios y homenajes para Juan Manuel Fangio. Como sucedió con la presentación de un nuevo reloj de TAG Heuer dedicado al cinco veces campeón de Fórmula 1 (1951, 1954, 1955, 1956 y 1957) en el marco del 60º aniversario de su último cetro. Al evento asistieron Rubén Vázquez (75) y Oscar Espinosa (79), dos de los tres hijos del Chueco reconocidos por la Justicia. Ambos fueron invitados especiales y recibieron dos de los 400 ejemplares de este reloj especial que están en el país (los otros 500 que completan la edición se comercializarán en el resto del mundo).

Nadie duda del mérito deportivo del balcarceño, que en el último GP de Brasil de la Máxima fue elegido por Sir Jackie Stewart como el mejor campeón de la historia. El Chueco también recibió halagos del inglés Lewis Hamilton, que este año logró su cuarto campeonato, y el alemán Sebastian Vettel, quien también ostenta cuatro coronas.

Pero no todas fueron rosas en la historia de Fangio, fallecido el 17 de julio de 1995 a los 84 años, ya que se generó controversia con la dilatada confirmación del vínculo filiatorio de Espinosa, en diciembre de 2015, y Vázquez, en febrero de 2016. Hay otro hijo que fue reconocido por la Justicia en junio de 2016 llamado Juan Carlos Rodríguez (72). Es ingeniero agrónomo, oriundo de Balcarce y afirma “haber tenido una muy buena relación con Fangio...”. 

Pero, ¿por qué se tardó tanto en reconocerlos? CORSA se los preguntó a los hijos del Quíntuple. “Fue muy difícil; en mi caso, a diferencia de Rubén, pude tener un vínculo más cercano con mi papá. En esta historia intervino mucha gente, a favor y en contra, pero elijo quedarme con lo mejor”, respondió Espinosa, fruto de la relación de Fangio con Dora “Beba” Barruet. Cacho fue piloto. Corrió en TC, Sport Prototipos, TN, en 1966 participó en la Fórmula 3 Europea en la temporada internacional en nuestro país y en otras fechas en Europa y en 1969 integró la Misión Argentina en las 84 Horas de Nürburgring, competencia en la que el Chueco fue el director del equipo. “No fui piloto por querer llevar su apellido. Nadie me regaló nada y todo lo conseguí por mi esfuerzo. Mi padre era muy especial para dar un consejo. Tenía un trato más docente que paternal, pero ello no quita su sabiduría sobre los autos de carrera”, agregó Espinosa, que vive en Mar del Plata y a quien Fangio presentaba como su “sobrino”.    

“En vida mi padre fue mi padrino. Es un tema muy largo y espinoso, aunque ya superado luego de tantos años. Es un orgullo ser hijo del piloto más grande que tuvo la Argentina e intento representarlo de la mejor forma”, sostuvo Vázquez, cuyo parecido con su papá es notorio. “Es solo un poco más alto, pero hasta habla igual”, afirma su medio hermano, sobre el ex empleado ferroviario que reside en Cañuelas.  

Más allá de la propia decisión de Fangio en vida, los intereses en su herencia habrían generado reticencia dentro de su entorno más cercano que trataba como un tema tabú cualquier indicio de aceptación ante un reclamo de paternidad. Hasta que las gestiones de Espinosa, Vázquez y Rodríguez fueron atendidos por la Justicia cuyos análisis de ADN dieron positivos. 

¿Qué hubiese cambiado en Fangio reconocer a sus hijos? Es una pregunta sin respuesta... La fundación que lleva su nombre y que está a cargo de su museo, siempre habría aceptado de forma tácita el vínculo con Espinosa, no así con Vázquez. Pero todo cambió a partir del ADN. De hecho, la primera vez que ambos se mostraron juntos en público fue en un evento a fines de 2016 en la entidad balcarceña. La segunda en el evento de TAG Heuer. 

Pasaron 20 años para que se confirme la paternidad del Quíntuple sobre Espinosa y Vázquez. Ambos comenzaron a reconstruir su vínculo. Demuestran una muy buena relación, como si se conocieran de toda la vida. Comparten algo más que ser hijos del mismo padre y ahora, luego de tanto tiempo, portan en su DNI el apellido Fangio.  

PorDarío Coronel