Mundo CORSA

29/01/2010

Rescate emotivo

Carlos Pairetti y el Trueno Naranja se vieron otra vez las caras. Fue en la última carrera del TC en Buenos Aires, donde Il Matto anduvo arriba de una réplica del legendario auto.

Por Darío Coronel

“¡Cómo largó Moriatis!, hay que pasarlo así a Pechito”, le dijo un ferviente Carlos Alberto Pairetti a su hijo Tim (homónimo suyo). Il Matto no pudo con su ingenio y se agolpó al lado del guard rail para observar la tercera serie de TC en Buenos Aires, donde la popular categoría cerraba su torneo 2009. Mientras tanto aceptó la charla con CORSA Online. El motivo no era otro que su reencuentro con el Trueno Naranja, aunque sea, una réplica perfecta del mismo.

Fue una de las grandes atracciones en el cierre del Turismo Carretera. Tuercas de todas las edades no dejaron de sacarle fotos. Los más jóvenes se asombraban por su diseño. Mientras tanto Pairetti recordaba que “no había con qué darles a los Torino. La CGT, compuesta por Copello, Gradassi y Ternengo, gana todos los domingos. Pero con el Trueno cortamos esa racha y logramos el título”.

Con el prototipo de Chevrolet Pairetti logró cuatro triunfos (dobletes en el Oscar Cabalén y en el Autódromo) y el título de la categoría en 1968. Esta máquina reemplazó al Barracuda-Chevrolet con el que Pairetti ganó en la Vuelta de Lobería. Fue construido por Horacio Steven y era el exponente oficial de General Motors en esa temporada.

Resultó una revolución. Su presencia y la de otros ejemplares previos, como el Halcón-Ford de Heriberto Pronello, derivaron en la creación de la categoría Sport Prototipos. Pero esa es otra historia… El tema es que en 1969, luego de lograr otros dos triunfos con el Trueno (Buenos Aires y la Vuelta de San Nicolás) Pairetti dejó de correrlo.

Años más tarde dijo que lo había vendido y que un día apareció un gitano y le aseguró que lo tenía, pero que lo había cortado. La otra versión fue la que dio Eduardo Bouvier quien siempre dijo tenerlo, pero nunca lo mostró. Este año el ex piloto de Fórmula Renault reveló imágenes, pero luego aclaró que se trataba del Trueno Blanco…

En fin. Gracias a la tarea artesanal e impecable de Juan Gaffoglio y todo su equipo, el Trueno Naranja volvió a vivir. Construyeron una réplica la cual cuenta incluso con mejores prestaciones. “Tiene 7 caballos más”, asegura Raúl Klotzpach, eximio preparador que trabajó muchos años con Luis Miraldi y que participó de esta obra.

El auto descansa en el Museo de Juan Manuel Fangio en Balcarce. Pero en la última carrera del TC en 2009 volvió a la pista con el propio Pairetti detrás del volante. Su acompañante fue el mismo de aquellas épocas: Héctor Eduardo Ríos.

A su paso recibieron la ovación de los fierreros de todas las marcas. No sólo La 15 (hinchada de Chevrolet) lo disfrutó. Fue una máquina del tiempo que unió al automovilismo criollo.

El auto no será el verdadero pero su reproducción es impecable. Luego de 41 años Carlos Alberto Pairetti y el Trueno Naranja se volvieron a ver. Se pusieron al día y emocionaron a más de uno.