junio 13, 2026

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Multitudes con barras y estrellas impulsan el auge del fútbol en Estados Unidos

Multitudes con barras y estrellas impulsan el auge del fútbol en Estados Unidos

El Mundial despierta una nueva pasión futbolística en EE.UU.

INGLEWOOD, California — El ambiente en el estadio recordaba al de cualquier gran cita deportiva estadounidense: miles de aficionados vestidos con los colores nacionales, camisetas oficiales y rostros pintados de rojo, blanco y azul. Sin embargo, esta vez el protagonista no era el fútbol americano ni el baloncesto, sino el fútbol, un deporte que gana cada vez más espacio en la cultura popular de Estados Unidos.

Más de 70.000 personas llenaron el estadio de Inglewood, en las afueras de Los Ángeles, para presenciar el debut de la selección estadounidense como anfitriona del Mundial. El combinado local respondió con una contundente victoria por 4-1 frente a Paraguay, en un partido que confirmó el creciente entusiasmo que despierta este deporte en el país.

Muchos aficionados habían invertido miles de dólares para vivir en directo una competición que, durante décadas, quedó eclipsada por disciplinas históricamente dominantes en Estados Unidos, como la NFL, la NBA o el béisbol. Ahora, para una nueva generación, el fútbol empieza a ocupar un lugar central.

Una afición que crece generación tras generación

Gran parte de los asistentes coincidía en una idea: crecieron jugando al fútbol desde pequeños en ligas escolares o recreativas y mantuvieron ese vínculo durante la adolescencia y la universidad.

Nakisha Gutiérrez, terapeuta ocupacional de 37 años y residente en Los Ángeles, explicó que el fútbol siempre formó parte de su vida familiar gracias a la influencia de su padre argentino.

“Está en la sangre de la familia”, comentó mientras lucía estrellas pintadas en las mejillas. “Está empezando a convertirse también en parte de la cultura estadounidense”.

El Mundial, celebrado cada cuatro años, despierta una pasión masiva en numerosos países. En selecciones como Paraguay, rival de Estados Unidos en este encuentro, la clasificación para el torneo suele provocar celebraciones multitudinarias, fuegos artificiales e incluso días festivos.

En Estados Unidos, la respuesta históricamente ha sido más moderada. No obstante, el panorama ha cambiado de forma notable desde el Mundial de 1994, la última vez que el país organizó la competición.

El crecimiento del fútbol en Estados Unidos

Tras aquel torneo nació la Major League Soccer (MLS), que comenzó su actividad en 1996 y contribuyó a consolidar la presencia del fútbol profesional en el país. Desde entonces, el interés ha aumentado especialmente entre los jóvenes y las familias.

El partido frente a Paraguay reflejó ese entusiasmo. La afición celebró con intensidad los dos goles de Folarin Balogun y el disparo de Christian Pulisic que terminó en un autogol paraguayo. Sin embargo, el momento de mayor euforia llegó cuando Gio Reyna marcó el cuarto tanto en el tiempo añadido.

Samuel Esquivel, de 9 años, aseguró que no dejó de gritar tras el último gol.

“Probablemente fue el segundo mejor gol del partido”, afirmó sobre el tanto de Reyna.

El niño empezó a jugar al fútbol hace apenas un año, pero ya sueña con ganar un Mundial algún día.

Su padre, Roman Esquivel, explicó que su familia siempre estuvo ligada a deportes tradicionales estadounidenses como el fútbol americano, el baloncesto y el béisbol. Sin embargo, sus hijos terminaron enamorándose del fútbol y acabaron transmitiéndole esa pasión.

“Es el deporte más hermoso del mundo”, sostuvo. “Por algo se juega en todas partes”.

La influencia de la inmigración y la diversidad cultural

El crecimiento del fútbol en Estados Unidos también está estrechamente relacionado con las comunidades inmigrantes procedentes de países donde este deporte ocupa un lugar central en la vida cotidiana.

“En muchos lugares, el fútbol es la vida”, resumió Gutiérrez.

Ava Cupit, una adolescente de 14 años llegada desde Franklin, Tennessee, acudió al partido disfrazada de la Estatua de la Libertad para apoyar a la selección estadounidense. Su familia mantiene una conexión histórica con el fútbol gracias a su bisabuelo español, quien impulsó este deporte en su localidad construyendo campos y promoviendo competiciones.

“Nos hizo enamorarnos del fútbol a todos”, explicó Rachel Cupit, madre de Ava. “Y quienes se han unido a la familia también han terminado compartiendo esa pasión”.

Un estadio teñido de rojo, blanco y azul

El estadio de Inglewood, habitualmente escenario de partidos de fútbol americano, se transformó en un enorme mosaico de colores patrióticos. Las gradas estaban cubiertas de camisetas de la selección, prendas con estrellas y barras, purpurina y accesorios inspirados en símbolos nacionales.

Algunos aficionados incluso acudieron caracterizados como el Tío Sam, con sombreros de copa y largas barbas blancas, en una mezcla de fervor deportivo y patriotismo que reflejó cómo el fútbol empieza a integrarse en la identidad cultural estadounidense.

La contundente victoria frente a Paraguay no solo reforzó las aspiraciones deportivas del equipo anfitrión, sino también la sensación de que Estados Unidos vive un momento decisivo en su relación con el fútbol. Un deporte que durante años fue considerado secundario comienza ahora a consolidarse como un fenómeno de masas en el país.