mayo 26, 2022

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Nueva Ruta de la Seda: el peligroso coqueteo de Argentina con China | Economía | DW

La estrategia del gobierno argentino para ampliar los lazos económicos con China es invertir más de 23.700 millones de dólares en chinos y crear un marco común para “contribuir al crecimiento inclusivo y sostenible”. El país sudamericano ha sido difícil, con una inflación que rondaba el 50 por ciento el año pasado.

Con su estrategia global, conocida como la Nueva Ruta de la Seda, Beijing busca construir una red global de vínculos económicos estrechos. China considera a Argentina como un país con gran acceso a recursos naturales y alimentos. Argentina es el vigésimo país latinoamericano en sumarse al Proyecto Ruta de la Seda (Iniciativa de la Franja y la Ruta).

El acuerdo también incluye el intercambio de divisas de China (transacción de cambio de divisas) con varios países del mundo. Su objetivo es facilitar el comercio mutuo porque se utilizan monedas nacionales, en este caso el peso y el yuan.

Conduciendo automóvil: el presidente Fernandes en el tren bala chino

argentina no esta sola

“Argentina ahorra mucho dinero a un costo extra, no en dólares, porque se comercian las monedas nacionales de los dos países”, dice a DW Federico Foders, profesor de economía en la Universidad de Kiel. “China está ansiosa por atraer a más y más países a sus nuevos bancos para deshacerse del poder económico hegemónico de Estados Unidos”, agregó.

Argentina es uno de los ocho países latinoamericanos afiliados al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB). Otros miembros son Perú, Venezuela, Bolivia, Chile, Ecuador y Uruguay.

El presidente argentino, Alberto Fernández, ha viajado a China para celebrar los 50 años de relaciones bilaterales con China, segundo socio comercial del país después de Brasil. En 2021, China compró bienes argentinos por unos 6.300 millones de dólares. Están involucrados unos 500 productos, incluidos la soja, el aceite de soja y la carne de vacuno. Argentina importa alrededor de 5.000 artículos de China, incluidos automóviles, maquinaria, ropa y componentes eléctricos. En 2021 lo hizo por un total de $13.500 millones, según la firma argentina de estadísticas INDEC, lo que representa el 21,4 por ciento de sus compras externas totales. Se espera que el comercio bilateral entre China y Argentina se multiplique por cinco entre 2003 y 2020.

Según Alberto Fernández, China apoyará el llamado de Argentina al Fondo Monetario Internacional (FMI) para que reconsidere su política de exceso de crédito. Pero, según Foders, “Argentina debe cumplir con el FMI, tal como el FMI acordó prestarle a Argentina”. Muchas personas se preguntan a dónde fue a parar el dinero de estos préstamos.

Diversificación del comercio exterior

Si Argentina no paga 19.000 millones de dólares al FMI este año, el país volverá al default por octava vez en su historia, sin empresas occidentales que busquen invertir en Argentina, continuó el economista. Esta es otra razón por la que Argentina está interesada en tener buenas relaciones con China, Rusia o Irán. “No tiene nada de malo diversificar las relaciones comerciales con China o Rusia y no exportar a Europa o Estados Unidos”, agregó.

Sin embargo, advierte que si Argentina no paga su deuda con China, la desaceleración económica no se revertirá fácilmente y “China podría apoderarse de proyectos de infraestructura como puertos que se están construyendo en Argentina, como ya sucedió en otros países”. . Sri Lanka, que depende de los acuerdos de divisas con China, tuvo que aceptar un contrato de arrendamiento de 99 años del puerto estratégico de Hambantota a la empresa estatal China Merchants Ports Holdings debido a retrasos en el pago del préstamo.

Dado que China es uno de los prestamistas bilaterales más grandes del mundo, sus términos de crédito, cobro prioritario y reestructuración conjunta de abogados son preocupantes. Argentina no solo es el mayor deudor del FMI, sino también uno de los mayores deudores de China en 24 países en desarrollo.

¿Posible manera de controlar la crisis económica?

La deuda externa de Argentina asciende actualmente al 82,2 por ciento del PIB. Ante esta crisis, Alberto Fernández “toma otra postura a favor de China”, dice Eduardo Daniel Ovio DW, investigador principal del CONICET, organismo gubernamental de investigación científica y tecnológica, y profesor de ciencias políticas de la Universidad Nacional de Rosario. Sin embargo, según el experto, la agenda con China muestra “una clara asimetría y la dependencia de Argentina de China en lugar de la autonomía de Estados Unidos”.

Según Ovido, otros proyectos de represas en el sur de Argentina incluyen un parque solar en la provincia de Jujuy, que se financia con deuda de China. Argentina tiene una deuda futura que, a medida que crezca, “obviamente no se pagará y dejará a las generaciones siguientes un futuro precario”. En otras palabras, en lugar de evitar más endeudamiento, Argentina está haciendo lo contrario. “Por supuesto, el gobierno ve las cosas de manera diferente”, dice un profesor de derecho en la Universidad de Beijing.

Más beneficios para China

Según Eduardo Ovio, “la situación financiera de Argentina no justifica ningún nuevo endeudamiento”. Según él, algunos proyectos chinos en Argentina son tan dudosos como la construcción de la cuarta central nuclear, Aducha III, que comenzó en 2014 durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y fue suspendida por el expresidente Mauricio Macri.

“Veo más beneficios para China que para Argentina”, enfatiza el experto, quien señala que “es obvio que los chinos están ansiosos por completar el proyecto”. Un plan contra la tendencia a eliminar gradualmente la energía nuclear es que “no solo es insostenible debido al alto costo y ha creado una enorme dependencia financiera en el pago de la deuda, sino también una tecnología importante que depende de China”. A Ovio.

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Dado que será la primera central eléctrica construida por China en América Latina, es un excelente ejemplo de la creciente influencia de China en la región. Según Federico Foders, a los riesgos financieros para la Argentina se suman los daños ambientales que pueden causar los proyectos, “algo que el gobierno argentino no ha dicho”.

Traducido por Gabriel González del español.